viernes, 22 de agosto de 2014

"Escenario Común"




"Escenario Común" 

La suma de voluntades, el trabajo en equipo, la búsqueda del Buen Vivir son las premisas alrededor de las cuales se moviliza el espíritu de la época. Utópica aún, en un medio que pondera lo fácil y lo sexual (que no lo sensual, que es otra cosa), está visión de vida en la que se inserta la sociedad ecuatoriana del tercer milenio mostrará sus frutos en las dos siguientes generaciones. Pero nosotros no debemos esperar tanto para manifestar nuestras ideas y decir que estamos aquí, que por estas calles vamos y que somos. Ya estamos casi a mediados de la segunda década del siglo XXI. Para algunos el viaje empezó con el milenio, paro otros en su última o penúltima década. Somos en sí  generaciones en transición constante.

El impulso de la economía a través de las artes es un enfoque novedoso para repensar el valor de las expresiones artísticas y de sus mismos creadores. La incorporación de los réditos del arte en el producto interno bruto esboza un escenario de enorme potencial para que creadores artísticos y gestores culturales amplíen sus posibilidades de una vida vivida al son de sus talentos y búsquedas. Es en este escenario en donde se gesta Artescena, Arte y Espacios. Algunos somos futuros estudiantes de la Universidad de las Artes, otros son amigos con los que hemos coincido en inquietudes relativas al arte en general.

Así, la misma ciudad que cerró sus espacios públicos ha abierto las mentes de muchas personas que entienden que la creación artística necesita de espacios para cumplir su función comunicativa. La función transformadora vendrá después, en la marca de su huella en nuestros corazones y sentidos. La función transgresora es historia aparte, es el hallazgo fruto de la inspiración –esa constancia del trabajo verdadero–, y constituirá la comunión con sus públicos y sus historias particulares. Entonces, por esa mentalidad abierta, propiciadora de encuentros, agradecemos la confianza y la apuesta de don Raúl Chiriboga, quien nos abre este su restaurante para que nuestra voz encuentre un lugar desde el cual resonar.

Ahora tenemos estas expectativas y afanes de hacer camino al andar, de propiciar espacios para el arte a la vez que nos abonamos a la vida académica en pos de ese firme compromiso con nuestro amor propio y nuestras vocaciones. Si somos/seremos artistas es algo que sólo el tiempo nos dirá en la constancia y validez de nuestras obras. Por lo pronto aquí está este puente, esta plataforma de encuentros posibles entre artistas y sus obras, este aprendizaje compartido, esta tenue caricia dada a la eternidad.

Muchas gracias, 

César Eduardo Galarza. 



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