"Escenario Común"
La suma de
voluntades, el trabajo en equipo, la búsqueda del Buen Vivir son las premisas
alrededor de las cuales se moviliza el espíritu de la época. Utópica aún, en un
medio que pondera lo fácil y lo sexual (que no lo sensual, que es otra cosa),
está visión de vida en la que se inserta la sociedad ecuatoriana del tercer
milenio mostrará sus frutos en las dos siguientes generaciones. Pero nosotros
no debemos esperar tanto para manifestar nuestras ideas y decir que estamos
aquí, que por estas calles vamos y que somos. Ya estamos casi a mediados de la
segunda década del siglo XXI. Para algunos el viaje empezó con el milenio, paro
otros en su última o penúltima década. Somos en sí generaciones en transición constante.
El impulso de la
economía a través de las artes es un enfoque novedoso para repensar el valor de
las expresiones artísticas y de sus mismos creadores. La incorporación de los
réditos del arte en el producto interno bruto esboza un escenario de enorme
potencial para que creadores artísticos y gestores culturales amplíen sus
posibilidades de una vida vivida al son de sus talentos y búsquedas. Es en este
escenario en donde se gesta Artescena, Arte y Espacios. Algunos somos futuros
estudiantes de la
Universidad de las Artes, otros son amigos con los que hemos
coincido en inquietudes relativas al arte en general.
Así, la misma
ciudad que cerró sus espacios públicos ha abierto las mentes de muchas personas
que entienden que la creación artística necesita de espacios para cumplir su
función comunicativa. La función transformadora vendrá después, en la marca de
su huella en nuestros corazones y sentidos. La función transgresora es historia
aparte, es el hallazgo fruto de la inspiración –esa constancia del trabajo verdadero–,
y constituirá la comunión con sus públicos y sus historias particulares. Entonces,
por esa mentalidad abierta, propiciadora de encuentros, agradecemos la
confianza y la apuesta de don Raúl Chiriboga, quien nos abre este su
restaurante para que nuestra voz encuentre un lugar desde el cual resonar.
Ahora tenemos estas
expectativas y afanes de hacer camino al andar, de propiciar espacios para el
arte a la vez que nos abonamos a la vida académica en pos de ese firme
compromiso con nuestro amor propio y nuestras vocaciones. Si somos/seremos
artistas es algo que sólo el tiempo nos dirá en la constancia y validez de
nuestras obras. Por lo pronto aquí está este puente, esta plataforma de
encuentros posibles entre artistas y sus obras, este aprendizaje compartido,
esta tenue caricia dada a la eternidad.
Muchas gracias,
César Eduardo Galarza.



